El imperativo histórico

muDe lo que se trataba era retomar el proyecto independentista que tenía su primer revés en 1812. El trabajo consistía en ponerse de acuerdo ante una visión unificada de la estrategia y el consenso de un liderazgo fuerte. El panorama no era nada halagüeño, después de tres siglos de dominio hispano y con muchos factores en contra todo parecía volver atrás. Sobre todo la hidra de las mil cabezas: la guerra civil era el reto más grande y difícil. Ese era el inevitable costo para emerger de las tinieblas y tomar el sendero de la emancipación. Ante la ausencia de Francisco de Miranda y con mucha rencillas entre los potenciales dirigentes, todo apuntaba a otro posible fracaso. No obstante, no fue así. La estrella de un joven furibundo de 29 años de edad daba sus primeros pasos en su exilio neogranadino. La idea era buscar ayuda en el país vecino, sumar voluntades, exponer los nudos y fortalezas de la lucha por la liberación, y sobre todo convencer que toda esta situación conflictiva de no ser colonia de nadie era un problema común y de este modo debía ser enfrentado: bajo el estandarte de la unidad.
Se designa como Campaña Admirable a la estrategia militar y política efectuada por Simón Bolívar entre San Antonio del Táchira y Caracas entre marzo y agosto de 1813. Una de las alocuciones más importantes en esta Campaña Admirable fue el Decreto de Guerra a Muerte, fechado 15 de junio de 1813, donde el Libertador impulsó con persistencia la lucha contra el poder español y sus atrocidades en territorio venezolano. En el Decreto de Guerra a Muerte Bolívar conceptualiza al enemigo a vencer mediante un difícil juego en el que indulta a los “americanos” a pesar del partido y a los partidarios a pesar del origen, trocando la idea de la guerra a muerte en un sistema de separación de bandos e identidades nacionales. La proclama de Trujillo, más que una condena a muerte, es una amnistía general a todos los miembros, por origen o por elección, de la Patria en jaque.
Se ha ventilado la tesis de que la guerra a muerte, proclamada por Simón Bolívar en junio de 1813, es una especie de “ojo por ojo”, o en el más nefasto de los supuestos, como el llamado a una suerte de “aseo racial”. Si aguzamos la mirada notaremos que aparece como una de las grandes definiciones políticas ingeniadas por el Libertador. No se puede entender el Decreto de Guerra a Muerte fuera del marco de la sangrienta represión contrarrevolucionaria sobre el proceso de Independencia. Tampoco es descifrable esta radical medida al margen del inquietante fenómeno del apoyo nativo a la causa realista. La guerra a muerte era la contestación a la ferocidad española, y comenzó a ser practicada por los principales jefes patriotas de la resistencia. El mérito de Bolívar consistió en darle un planteamiento estratégico, militar y político, en su lucha por la liberación de Venezuela. La guerra a muerte fue una necesidad histórica para poder liberar el territorio nacional.

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