Las personas no son objetos

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bolivar-el-caraqueno-ramon-diaz-sanchez-tapa-dura-ilustrado-789111-MLV20482759637_112015-FDespués de la temprana muerte de sus padres, María Antonia y Juana formalizaron sus matrimonios. Bajo estas circunstancias, Juan Vicente y Simón quedaron a cargo del abuelo materno, Don Feliciano Palacios y Sojo. Pero al fallecer el noble mantuano la tutela descansó en su tío materno Carlos Palacios. No obstante, entre el simoncito díscolo y el adulto huraño no hubo compatibilidad. En julio de 1795, en víspera de sus 12 años de edad, Simón Bolívar se fugó a la casa de su hermana María Antonia. Esto trajo como consecuencia una querella legal entre Carlos Palacios y su sobrina. Los derechos de Carlos Palacios como protector del niño huérfano al final fueron oídos. Como castigo Simón Bolívar fue internado en la morada de Don Simón Rodríguez. Descontento emprende la huida de la casa del maestro de primeras letras, siendo retenido nuevamente.
Sobre este incidente dice Ramón Díaz Sánchez en su obra poco conocida Bolívar, El caraqueño, lo siguiente: “Y en este estado de ánimo acude a la Audiencia y entabla un litigio acerca de la residencia del joven Simón, durante la cual Los Palacios y Los Clementes se dirán muchas pesadeces. Menudean las citaciones. María Antonia y su esposo manifiestan estar conformes con que el menor vuelva a la casa de su tutor, pero Simoncito se obstina en su resistencia. Hay entonces una escena violenta: mientras Don Carlos y su hermano Feliciano tratan de sacar por la fuerza al rebelde sobrino, se aglomera la gente y se forma un tumulto. Don Feliciano da un empellón al muchacho. Por último aparece un negro fornido, esclavo de los Palacios, y lo carga en vilo llevándolo de esta manera al domicilio de su amo Don Carlos. A la mañana siguiente, el en salón de la Audiencia, el indignado tutor afirma con énfasis ser apto para educar al pupilo ‘del modo correspondiente a su nacimiento y al rango que algún día ha de ocupar en la sociedad’”.
Un filón interesantísimo en la vida de Simón Bolívar es su infancia. El permanente dolor por la pérdida de sus seres más cercanos raya en la tragedia personal. Las muertes de sus padres en la tierna edad y las nupcias contraídas por las hermanas mayores complicaron el panorama. La relación con Carlos Palacios denuncia además del apego a María Antonia, el carácter irreverente del caraqueño. Esa querella legal -por la fuga Simoncito a casa de María Antonia- fracturó a la familia de Bolívar y puso en evidencia la inconformidad de un niño acerca de las reglas coloniales. Si bien la Real Audiencia falló en favor del tío Carlos Palacios, las palabras del futuro Libertador se dejaron oír aduciendo que los mismos esclavos -considerados cosas- podían escoger a sus amos según los tratos suministrados por éstos, y entonces cómo se explica -agregaba- que siendo él libre no tenía dicha potestad. Ya vendrían situaciones en las cuales esas palabras tomarían otro sentido, cuando su vida la consagre -pese a ser un hacendado- por la liberación de los explotados.

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