CELAC: soberanía para la paz y el desarrollo integral

 Celac La semana pasada tuvo lugar en La Habana la II Cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que es una manifiesta prueba de que los tiempos y los espíritus han cambiado profundamente en nuestra región, estamos en presencia de un cambio de época. En ella se va afirmando la integración regional sin la presencia ni la tutela de EEUU ni Canadá, que tuvo durante el último año la Presidencia Pro Tempore de Cuba, hecho de justicia simbólica y concretamente determinante, y alrededor del cual cerraron filas todos los países de Nuestra América. Para hacer frente a las presiones del norte, la región necesita la unión del sur.

  La CELAC está concebida un espacio de unión y soberanía de los países de la patria grande nuestroamericana. En la reunión fundacional en Caracas 2011, el Comandante Chávez, el gran inspirador e impulsor de su creación, sostuvo que se estaba colocando “la piedra fundamental de la unidad, la independencia y el desarrollo de Latinoamérica y el Caribe”. Veía a la CELAC como el proyecto de unión política, económica, cultural y social más importante de nuestra historia contemporánea y estaba convencido de que el espíritu de unidad y autonomía, que fue el nuestros Libertadores y Libertadoras había vuelto reencarnado en los pueblos. La Comunidad es una América Latinocaribeña que se piensa a sí misma con soberanía, con independencia de presiones externas, que se define por la unión y acción común con aceptación de la diversidad y la pluralidad. Las diferencias políticas e ideológicas no constituyen obstáculos para tener posiciones comunes.

  En una mirada rápida, varios resultados de la Cumbre de La Habana pueden destacarse. En la Declaración Final, las jefas y jefes de Estado y de Gobierno ratifican la voluntad de fortalecer la CELAC como espacio de diálogo político y actor internacional, y avanzar en la integración regional. Se asume el compromiso con una visión de desarrollo integral e inclusivo, sostenible y productivo, en armonía con la naturaleza, y con principios de complementariedad, solidaridad y cooperación regional, en resumen el objetivo de un nuevo orden mundial. Se establece la orientación de trabajar hacia la universalización del disfrute y ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales, con atención prioritaria a las personas en condición de pobreza extrema y sectores en situación de vulnerabilidad como las poblaciones indígenas, afrodescendientes, mujeres, niños, personas con discapacidad, adultos mayores, jóvenes y migrantes. Se reconoce con claridad la necesidad de reducir las desigualdades de ingreso que están en la base del hambre y la pobreza y aumentar la inversión social. Y también se puntualizan prioridades de seguridad alimentaria, educación, vivienda, desarrollo agrícola, vivienda, integración cultura, y se reconoce la importancia de los pueblos indígenas y comunidades locales en el desarrollo económico, social y ambiental. Es decir, se trata de unirse para hacer de la integración un arma de la justicia social, que elimine la pobreza.

  La reafirmación de la soberanía se expresa en la firme determinación de lograr que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo y colonias. En concreto, se puntualizó el rechazo a las listas y certificaciones unilaterales por parte de países desarrollados que afectan a países de la América Latina y el Caribe. Se estableció el compromiso para estímulo de mecanismos apropiados para la solución de controversias con inversionistas extranjeros; y para el estimulo de la reducción de la dependencia de las agencias calificadoras de riesgo, y la garantía de respeto de acuerdos entre deudores y acreedores en la reestructuración de las deudas soberanas. Se reafirmó el derecho soberano de gestión y regulación de los recursos naturales, incluyendo la protección de los conocimientos tradicionales y ancestrales. Afirmación de soberanía son las manifestaciones de solidaridad con Cuba, con los diálogos de paz de Colombia, y con los derechos de Argentina sobre Malvinas y Georgias del Sur. Y acciones concretas y soberanas, son el establecimiento del Foro CELAC-China y del Mecanismo de Diálogo con la Federación de Rusia, que materializan el mundo pluripolar.

  En el Plan de Acción de CELAC para 2014, se acordaron acciones para la seguridad alimentaria y la nutrición con vistas a la erradicación del hambre y el Derecho a la Alimentación que van desde programas educación alimentaria y nutricional, fortalecimiento de sistemas de evaluación y monitoreo y de comercio intrarregional; y actividades para promover el desarrollo rural sostenible y la agricultura familiar. Se convino potenciar el papel de la educación en todos los niveles aumentando la cobertura, impulsando la educación en valores, el desarrollo del conocimiento de la cultura nacional, latinoamericana y caribeña y la Cultura de Paz, favoreciendo la movilidad académica en la región y las redes universitarias intrarregionales. Se establecieron orientaciones para avanzar en la integración cultural de la región, trabajando conjuntamente por la protección del patrimonio y la promoción y la difusión de la diversidad de expresiones culturales, y para fomentar el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, la transferencia tecnológica y la cooperación regional en estas áreas. Se pretende avanzar en identificar las áreas más propicias para el desarrollo de políticas de integración productiva e industrial en coordinación entre los agentes públicos y privados para acelerar el desarrollo industrial inclusivo, fuerte y sostenible y en la convergencia en una arquitectura financiera regional. Se acordó celebrar I Reunión Ministerial de la CELAC sobre el Problema Mundial de las Drogas y se creó un Grupo de Trabajo especializado en la Prevención y Lucha contra la Corrupción. Es decir, que la CELAC aspira a ser un bloque que impulse fuertemente el mejoramiento de la vida social con acciones concretas que permitan apoyar y potenciar las políticas nacionales.

  Trascendental es la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, orientada por la visión de un orden internacional justo, y afirmada en el derecho y en una cultura de paz que excluye el uso de la fuerza y los medios no-legítimos de defensa, entre ellos las armas de destrucción masiva y, en particular, las armas nucleares. El compromiso acordado es muy claro: no intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos de cualquier otro Estado, fomentar las relaciones de amistad y de cooperación, respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, promoviendo el desarme nuclear como objetivo prioritario y contribuyendo con el desarme general y completo. América Latina y el Caribe reafirman así su vocación de ser región libre de armas nucleares, libres de guerras e intromisiones, países libres y soberanos en hermandad.

albacarosio@gmail.com

 

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