Bolivia, Evo y el 12 de octubre

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EvoLa muy probable reelección de Evo Morales para la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, en los comicios a celebrarse el próximo 12 de octubre, representa la consolidación de una de las alternativas más importantes que se han generado en América Latina y el Caribe en este ciclo de transformaciones iniciadas en 1998 con el triunfo electoral del comandante Hugo Chávez en Venezuela.

El 18 de diciembre del 2005, Evo Morales obtiene un 54% de los votos, bajo las siglas del Movimiento hacia el Socialismo-Instrumento Político de Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), en sí un suceso histórico, tanto en Bolivia como en la región, no sólo por su identidad socialista sui generis sino por ser el primer presidente indígena contemporáneo que gobernaría un país latinoamericano, con una plataforma programática que representaba los intereses de los pueblos y las comunidades indígenas y con un alto nivel de aceptación en sectores no indígenas. Una vez aprobada la nueva Constitución que establecía el Estado Plurinacional de Bolivia, en 2009 Evo Morales gana de nueva cuenta las elecciones presidenciales con el 64%, junto al también actual candidato a la vice presidencia, Álvaro García Linera.

Los triunfos electorales de Evo Morales son el resultado de largos años de lucha y resistencia de los movimientos sociales y los pueblos indígenas que, entre otras grandes batallas, se encargaron de defender los recursos naturales y energéticos de la avalancha neoliberal. Las guerras del agua y del gas así lo testifican.

Asimismo, la Carta Magna aprobada en 2009, creó la estructura de un Estado plurinacional que otorgó plenos derechos a los pueblos indígenas desde el nivel departamental hasta sus propios territorios, prohibió el latifundio y la privatización de los recursos naturales, estableció derechos sociales eliminados o reducidos a su mínima expresión por la lógica neoliberal, apoyaría la reconstitución de la economía comunitaria, revitalizó al Estado en la economía nacional y prohibió la instalación de bases militares extranjeras en territorio boliviano.

El avance sustancial, con todo y sus contradicciones como proceso transformador, reflejadas por ejemplo en las críticas a la vertiente extractivista, muy presente también en otros gobiernos progresistas de la región, radica en haber iniciado el cambio para alcanzar una nueva Bolivia, haciendo justicia con los pueblos indígenas en dos aspectos centrales: las autonomías, con el ejercicio pleno de los usos y costumbres, y la construcción de mecanismos y espacios de poder para cristalizar paulatinamente demandas históricas pero también universales como alimentación, educación, trabajo, salud y vivienda.

Durante su gestión, Evo Morales ha socializado la salud y la educación, y recuperado la directriz del Estado en los recursos naturales, destacando los energéticos. Con un crecimiento sostenido desde 2006 del 5%, ha elevado los salarios (tan sólo en 2012 aumentó el salario mínimo un 20% y el básico 8%); introdujo pensiones universales para el adulto mayor (al cual se le destina el 2% del PIB); redujo entre 2006 y 2012 la pobreza en un 17% y la extrema pobreza en 21.6%; y ha erradicado el analfabetismo, con apoyo cubano. Destaca la existencia del programa de bonos sociales, Juana Azurduy para madres solteras; Juancito Pinto beca para estudios, con el cual disminuyó la deserción del 6% en 2006 a un 1.7% en 2013; y la Renta Dignidad, la pensión que incluye a todos los adultos mayores del país de los cuáles casi el 80% no la tenían[1].

El proyecto transformador que encabeza Evo Morales, con el soporte fundamental de los pueblos indígenas, ha logrado resistir el embate de una oligarquía que resiente su desplazamiento del poder, concentrada en la región conocida como la Media Luna, muy marcada por un pensamiento racista que le impide tolerar que un indígena sea su presidente, lo que ha representado pérdida de privilegios y acceso a los mecanismos de corrupción a los que estaba acostumbrada cuando ejercía el control del aparato de gobierno.

Esta próxima victoria también podrá explicarse por el estrecho vínculo de Evo y los cuadros principales del gobierno y del MAS con el pueblo, más allá de sus bases militantes; por la capacidad de rectificar su postura en diversos conflictos, como en el caso del Tipnis, manifestando la vocación democrática de esta nueva generación de líderes bolivianos que busca congruencia entre el discurso y la práctica. En parte, esta experiencia se debe a que es un gobierno emanado de los movimientos sociales, y no de esa clase política tradicional que en esta nación andina no concebía su responsabilidad como una oportunidad de servir a la comunidad, sino más bien para servirse del poder, dejando en la pobreza y la marginación a las mayorías y, sobre todo, a los pueblos indígenas.

Por último, habrá que destacar el papel que Evo ha jugado en el ámbito internacional, sobre todo, como uno de los protagonistas centrales del proceso de integración regional. Lo mismo como promotor de mecanismos como el ALBA, la CELAC y la UNASUR, que como convocante en la defensa de la pachamama, desde su visión de Estado, y en la consolidación de espacios de encuentro de los movimientos sociales. En los foros internacionales ha levantado la voz en defensa de la soberanía y la independencia latinocaribeñas, de la revolución cubana, del respeto a la democracia y de la revolución bolivariana en Venezuela; además de ser un crítico consecuente de las tradicionales maniobras del intervencionismo estadounidense. Lo mismo ha expulsado a embajadores de Washington que a los agentes de la DEA, por sus labores de conspiración contra su gobierno, legítima y democráticamente electo. En esta defensa digna y soberana, ha desmantelado conspiraciones que buscaban su eliminación física, por supuesto, planeadas desde pentagonales oficinas del imperio.

Hay que recordar que Evo Morales es miembro fundador de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Dos años antes de su triunfo en las elecciones presidenciales, asistió a la Ciudad de México en octubre de 2003 al lanzamiento internacional de la Red en un evento memorable en el que se establecieron líneas fundamentales de trabajo y que ya como presidente de Bolivia, ha integrado a sus tareas de gobierno.

Los comicios presidenciales que se aproximan en esta nación andina redundarán en reafirmar la viabilidad de las alternativas en América Latina y el Caribe en una etapa en la que Estados Unidos busca desesperadamente recuperar parte de la hegemonía perdida en la región.

Además, coincidiendo con la fecha del 12 de octubre, el triunfo electoral del pueblo boliviano a través de Evo Morales resulta una forma simbólica de reivindicar la dignidad indígena ante la concepción eurocéntrica que todavía hoy, en pleno siglo XXI, se atreve a denominar ese momento histórico como el día de la raza, el encuentro entre dos mundos o el día de la hispanidad. La memoria de los pueblos y las resistencias populares de nuestro tiempo no dejarán de nombrar ese acontecimiento sucedido hace ya 522 años como conquista, invasión, genocidio y etnocidio. ¡Que para América Latina, empezando por Bolivia, este 12 de octubre sea de luchas, avances y victorias!

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Notas
[1] Estos y otros datos más sobre los éxitos sociales y económicos de Bolivia se pueden consultar en:http://medios.economiayfinanzas.gob.bo/MH/documentos/Materiales_UCS/ZOOM/ZOOM_18.pdf http://www.cambio.bo/sites/default/files/suplemetos/pdf/Edici%C3%B3n%20Impresa%2027-08-14.pdf

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