Cuidados, individualismo y pobreza

imagesCercadas por la carga de cuidados familiares, por la discriminación laboral consecuente, por las condiciones precarias en las que se realizan las tareas de cuidado, y determinadas por imperativos culturales que las hacen responsables del bienestar de su grupo, las mujeres se han convertido en sinónimo de pobreza. La feminización de la pobreza es un problema social que expresa el conflicto de lógicas económicas (la subordinación de la lógica del cuidado de la vida a la de acumulación) que conlleva a la producción de la riqueza/pobreza (el enriquecimiento/empobrecimiento). Mujeres y hombres viven la pobreza de diferente manera.
La economía capitalista dominante, en lo material y en lo cultural, fomenta el individualismo, y se apoya en el mito patriarcal de “independencia” y la “autosuficiencia”, como si no se necesitaran cuidado y no hubiera vulnerabilidad. Insiste en una dicotomía entre ser independiente (normal) y ser dependiente (anormal), en donde las personas en la primera categoría no necesitan de nadie para sobrevivir y las de la segunda son incapaces de existir sin ayuda. Al negar el hecho de que la condición humana es de interdependencia, se promueve la ilusión de que el individuo “normal” sale adelante solo en un ámbito económico competitivo, sin apoyos. Esta lógica oprime a todas las personas, y discrimina especialmente a las mujeres.
Hay un círculo vicioso del cuidado en la pobreza de las mujeres. En un hogar pobre el cuidado tiene que ser provisto por las mismas mujeres del hogar, y como una buena parte del tiempo es usado para el cuidado, no es fácil disponer de tiempo para la generación de ingresos, lo que conlleva mayor pobreza. Los hogares más pobres, con mayor número de niños, mayores demandas de cuidado, cobertura pública insuficiente y escaso acceso a la cobertura privada, limitan seriamente la posibilidad de las mujeres de insertarse en el mercado laboral. La manera en que las sociedades abordan y organizan la provisión de cuidados impacta en la inserción laboral y afecta en forma desventajosa a las familias de menores recursos. Es patente a desigualdad de cuidado, las y los pobres reciben menos y dan más. Pobreza y descuido son las dos caras de la injusticia social.

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